sábado, 9 de junio de 2012

15. Ella de nuevo


(Narra Jake)
Perdido sí, así me encontraba yo a media noche entre millones de árboles todos iguales.
Aquel era el primer sábado en dos meses en el que no iba a ver a mi amiga Nai. Me había dicho que tenía que hacer algo importante pero como no me había contado el que, no podía dejar de imaginarme que estaría haciendo. Ese día me propuse ir al bosque con mi hermano ya que como nos habíamos distanciado bastante en los últimos meses no estaría nada mal un día junto a él haciendo un pequeño picnik en el bosque.
Nos levantamos temprano, a eso de las 7 de la mañana, y nos encaminamos hacia el pequeño lago del bosque donde prepararíamos todo. Comimos hasta reventar. Teníamos tortilla, bocadillos, ensalada… Me estaba pareciendo un día muy entretenido, escuchando todo lo que mi hermano me contaba sobre sus últimas fiestas y amores pasajeros. Pero cuando se le acabaron las anécdotas me tocó el turno de hablar a mí, y a Mike no se le ocurrió nada mejor que preguntar:
- ¿Y tú qué? ¿Ya te has tirado a la piva por la que me has sustituido?
- Yo no te he sustituido solo que me cae bien y me gusta estar con ella.
- Sí – dijo irónico – no te jode. Venga tronco si te pasas la vida a su lado, no me digas que no te la has tirado.
Mi hermano empezaba a cabrearme. Nahiara era mi amiga y no me gustaba que estuviese hablando así de ella.
- Pues no mira, no soy como tú que se va a la cama con todas. Además solo quedo con ella los sábados, no siempre estamos juntos.
- No me extraña que no quiera nada contigo, pero ni ella ni ninguna porque nunca te comes un rosco.
- No vas a madurar nunca.
- Lo que tú digas hermanito, pero yo al menos disfruto.
- ¡Déjame en paz!
Estaba muy cabreado, así que empecé a caminar sin rumbo pensando en como podía tener un hermano tan diferente a mí. En realidad no solo mi hermano era opuesto a mí, sino también mis padres, lo que a menudo me hacía sentir un bicho raro. Muchas veces tenía la sensación de que nadie me entendía, y esta era una de ellas.
Cuando me quise dar cuenta ya no sabía donde estaba ni como volver a casa. La tarde se había estropeado y las nubes tapaban mis preciadas estrellas. Había avanzado durante horas y no tenía ni la menos idea de donde me encontraba. Continué sin rumbo hasta media noche, ya que en el fondo me gustaba estar perdido en esa intensa oscuridad. Oí un ruido y, aunque estaba asustado, decidí acercarme para descubrir de qué se trataba. Mi sorpresa fue inmensa cuando al apartar el matorral que me impedía observar al causante de aquellos susurros encontré frente a mí seres inigualables. Cada uno con un color de pelo y de ojos diferentes, colores vivos, intensos. Todos con sus orejas alargadas y su alta estatura. Y entonces la ví. Ella, con su pelo y ojos negros y sus labios oscuros. Ella, con su cuerpo perfecto e inigualable. Ella, la mujer que me había conquistado con solo mirarme. Salí de mi asombro y escuché:
- Está bien, pero no tardes o nos perderemos.
Un segundo después oí un ruido a mi espalda, pero antes de que pudiera girarme alguien me agarró por detrás impidiéndome verle, y una voz que conocía muy bien me susurró:
- Es un sueño Jake, solo un sueño. Yo solo existo porque me has creado tú en tú imaginación.
Me desperté 2 horas más tarde en el mismo sitio donde aquella hermosa criatura me había susurrado. El cielo se había despejado y ya no había ni una sola nube por lo que pude distinguir cada estrella con claridad. Gracias a ellas, sobre todo a mi preciada estrella polar, que me indicó el norte, a las 4 de la mañana conseguí salir del bosque.