(Narra Jake)
Perdido sí, así me encontraba yo a media noche entre
millones de árboles todos iguales.
Aquel era el primer sábado en dos meses en el que no iba a
ver a mi amiga Nai. Me había dicho que tenía que hacer algo importante pero
como no me había contado el que, no podía dejar de imaginarme que estaría
haciendo. Ese día me propuse ir al bosque con mi hermano ya que como nos
habíamos distanciado bastante en los últimos meses no estaría nada mal un día
junto a él haciendo un pequeño picnik en el bosque.
Nos levantamos temprano, a eso de las 7 de la mañana, y nos
encaminamos hacia el pequeño lago del bosque donde prepararíamos todo. Comimos
hasta reventar. Teníamos tortilla, bocadillos, ensalada… Me estaba pareciendo
un día muy entretenido, escuchando todo lo que mi hermano me contaba sobre sus
últimas fiestas y amores pasajeros. Pero cuando se le acabaron las anécdotas me
tocó el turno de hablar a mí, y a Mike no se le ocurrió nada mejor que
preguntar:
- ¿Y tú qué? ¿Ya te has tirado a la piva por la que me has
sustituido?
- Yo no te he sustituido solo que me cae bien y me gusta
estar con ella.
- Sí – dijo irónico – no te jode. Venga tronco si te pasas
la vida a su lado, no me digas que no te la has tirado.
Mi hermano empezaba a cabrearme. Nahiara era mi amiga y no
me gustaba que estuviese hablando así de ella.
- Pues no mira, no soy como tú que se va a la cama con
todas. Además solo quedo con ella los sábados, no siempre estamos juntos.
- No me extraña que no quiera nada contigo, pero ni ella ni
ninguna porque nunca te comes un rosco.
- No vas a madurar nunca.
- Lo que tú digas hermanito, pero yo al menos disfruto.
- ¡Déjame en paz!
Estaba muy cabreado, así que empecé a caminar sin rumbo
pensando en como podía tener un hermano tan diferente a mí. En realidad no solo
mi hermano era opuesto a mí, sino también mis padres, lo que a menudo me hacía
sentir un bicho raro. Muchas veces tenía la sensación de que nadie me entendía,
y esta era una de ellas.
Cuando me quise dar cuenta ya no sabía donde estaba ni como
volver a casa. La tarde se había estropeado y las nubes tapaban mis preciadas
estrellas. Había avanzado durante horas y no tenía ni la menos idea de donde me
encontraba. Continué sin rumbo hasta media noche, ya que en el fondo me gustaba
estar perdido en esa intensa oscuridad. Oí un ruido y, aunque estaba asustado,
decidí acercarme para descubrir de qué se trataba. Mi sorpresa fue inmensa
cuando al apartar el matorral que me impedía observar al causante de aquellos
susurros encontré frente a mí seres inigualables. Cada uno con un color de pelo
y de ojos diferentes, colores vivos, intensos. Todos con sus orejas alargadas y
su alta estatura. Y entonces la ví. Ella, con su pelo y ojos negros y sus labios
oscuros. Ella, con su cuerpo perfecto e inigualable. Ella, la mujer que me
había conquistado con solo mirarme. Salí de mi asombro y escuché:
- Está bien, pero no tardes o nos perderemos.
Un segundo después oí un ruido a mi espalda, pero antes de
que pudiera girarme alguien me agarró por detrás impidiéndome verle, y una voz
que conocía muy bien me susurró:
- Es un sueño Jake, solo un sueño. Yo solo existo porque me
has creado tú en tú imaginación.
Me desperté 2 horas más tarde en el mismo sitio donde
aquella hermosa criatura me había susurrado. El cielo se había despejado y ya
no había ni una sola nube por lo que pude distinguir cada estrella con
claridad. Gracias a ellas, sobre todo a mi preciada estrella polar, que me indicó
el norte, a las 4 de la mañana conseguí salir del bosque.
No hay comentarios:
Publicar un comentario