(Narra Jake)
Al día siguiente me
presenté puntual en el mirador. Ella ya estaba allí, con mi ropa en la mano,
dispuesta a devolvérmela y a marcharse. Me llamaba la atención, pues no era
como las demás chicas. Quería conocerla mejor, y ¿qué mejor que esa tarde para
hacerlo? Mientras caminaba hacia ella fingí tropezarme y caí al suelo. Al
verme, soltó la ropa y vino corriendo hacia mí.
- ¿Te has hecho daño?
- Creo que me he torcido
un tobillo. No puedo caminar ni mucho menos coger la moto.
- Llama a tus padres y
que vengan a buscarte.
- Están trabajando, les
llamaré a las 10 que es cuando acaban. Hasta entonces me quedaré aquí, vete si
quieres.
- No te voy a dejar tirado.
No me caes bien, pero tampoco soy tan mala persona.
Nos sentamos en los
bancos y comenzamos a charlar.
(Narra Nahiara)
- ¿Tienes hermanos?
- Sí, uno. Se llama Mike.
¿Y tú?
- Que va. Mis padres con
una hija tienen bastante.
- ¿Tan mala eres?
- Ni te lo imaginas… y tú
¿qué? No pareces el típico niño bueno.
- No lo soy, pero tampoco
soy de los peores. Aguanto a mis padres por que es lo que me toca, y bueno, mi
hermano es un caso perdido.
- ¿Un caso perdido?
- Sí, un caso perdido. No
tiene remedio. Es demasiado creído y mujeriego... pero bueno, se le quiere de
todas formas.
No pude contener más la
risa y empecé a reír a carcajadas.
- ¿Qué pasa? – Preguntó Jake
- Que te entiendo
perfectamente. Tengo unos amigos que son más o menos así. Se llevarían bien –
Volví a reírme de nuevo.
Me hacía gracia como había
descrito Jake a su hermano, pues me recordaba a mi amiga Terra por lo de creída
y a mi amigo Ángel por lo de mujeriego.
Así fue pasando la tarde.
Hablamos de todo un poco, desde películas y aficiones hasta de sueños de la
infancia. Imitamos a famosos e inventamos palabras de lo más extrañas. Nos reímos
como locos y nos lo pasamos realmente bien.
- Son las once y media,
¿tú no ibas a llamar a tus padres?
- ¿Para que les iba a
llamar?
- Para que vinieran a por
ti ¿no?
- ¿Y porque iban a venir
a por mí si puedo ir yo?
Comprendí que me había
engañado y que su tobillo se encontraba perfectamente.
- ¡Idiota! ¡Me has
mentido!
- Sí, pero reconoce que
te lo has pasado bien.
- Lo cierto es que sí que
ha merecido la pena.
- Me alegra oír eso. ¿Te
llevo a casa?
- No tranquilo, voy yo
sola. Pero gracias – Contesté sonriendo.
- ¿Quieres repetir esto
otro día?
- No ha estado mal el
plan de hoy, así que por mi vale, pero esta vez sin torceduras de tobillo ¿eh?
- Te lo prometo. ¿El sábado
aquí?
- Claro.
Me dí la vuelta dispuesta
a marcharme.
- ¿No vas a darme ni un
abrazo? Mira que mi tobillo está muy mal y a lo mejor me muero.
- Cuentista…
Le dí un abrazo de
despedida y con un “hasta el sábado” me alejé del mirador.
No hay comentarios:
Publicar un comentario