(Narra Nahiara)
Era sábado, y como no tenia nada mejor que hacer, decidí
intentar hablar con Xarlot, la cual todavía seguía cabreada conmigo por no
haberla dejado ir a la fiesta. Xarlot es como mi hermana pequeña, la tengo
mucho aprecio, y supongo que por eso aguanto todas sus rabietas infantiles. Me
recuerda mucho a mí, pues muchas veces actuamos de manera similar. Ella es más
alegre que yo, pero somos igual de sinceras y decididas.
Es un elfo del viento, de ahí a que sus labios sean grises y
sus ojos cristalinos. Tiene el pelo blanco y siempre lo lleva recogido por dos
largas trenzas que la llegan por debajo del pecho.
Entré en su cuarto, pero no había nadie. No me hicieron
falta más explicaciones, pues la conocía demasiado bien como para saber
que había acudido a la fiesta sin mi permiso.Para más exasperación, me di
cuenta de que aparte de ella, faltaban sus dos compañeras, las cuales seguro
que estaban con ella.
- ¡Chicos! – Grité – Xarlot y las demás han ido a la fiesta
de una humana. Hoy hay luna llena, y van sin armas.
Sin más explicaciones Sally, Terra, Ángel, Brayan y yo nos
dirigimos a la fiesta tan rápido como pudimos.
El chalet donde tenía lugar el gran espectáculo era enorme,
y había muchísima más gente de la que pensábamos.
- Ángel – Dije – Entretén a los humanos para que nosotros
encontremos a las crías antes. Brayan, tú ve en busca de Ana. Chicas, vosotras ir a
por Berta. Yo me encargo de Xarlot.
Salí disparada para la parte de atrás de la casa, tenía un
mal presentimiento.
Al llegar me convertí en sombra para no ser vista. Podría
haber ido tranquilamente con mi apariencia humana, pero eso a los elfos nos
debilita, y dado que no había prácticamente nadie en aquella parte del jardín,
preferí ahorrar energía.
Oí un grito. Un grito de una voz que conocía muy bien. Era
Xarlot, pero para llegar hasta ella debía pasar por una zona totalmente
iluminada con mi apariencia elfíca, para no debilitarme. Como no había nadie,
decidí arriesgarme e ir todo lo rápido posible a donde se encontraba mi amiga.
Empecé a correr, tan concentrada en la meta que no ví una
piedra en el camino, y de la manera más tonta me caí al suelo.
- ¿Estás bien?
Levanté la cabeza y vi a un humano arrodillado junto a mí.
- Me ha visto – Pensé – Me ha visto siendo tal como soy, un
elfo.
El joven al verme quedó perplejo. Reaccioné y recordé cual
era mi misión, por lo que me levanté lo más rápido que pude y salí corriendo,
dejando al pobre chico paralizado y con la boca abierta de la excitación ante
el encuentro con tal bella criatura.
Por fin llegé al lugar del cual procedía el grito, y una
lágrima calló por mi mejilla al ver a mi pequeña en manos de un vampiro.
- ¡Suéltala! - Ordené.
- ¿Y si no quiero?
- Te mataré.
- Hagamos un trato. Tu vida, por la suya.
- ¡Nai, no! ¡Vete, corre! Debí hacerte caso, lo siento –
Dijo Xarlot con las pocas fuerzas que tenía.
- ¡Cállate, estúpida! – Respondió el íncubo.
- ¡Que la sueltes!
Diciendo esto, saque mi espada y me dispuse a matar a mi
oponente, pero este chascó los demos y desapareció, llevándose consigo a
Xarlot, mientras susurraba:
- Tómate tu tiempo para reconsiderar mi oferta. Te estaré
esperando.
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