(Narra Nahiara)
Ya había pasado una
semana desde el incidente de Xarlot, pero yo aun seguía comiéndome la cabeza en
busca de un plan. La escuela estaba llena de actividad, ya que los profesores
habían decidido atacar a los vampiros y todo el mundo se estaba preparando para
ello. No dejaban de entrenar un solo instante y sus mentes solo pensaban en dar
muerte a esos demonios. Yo sabía que eso no iba a funcionar, pues así solo
conseguirían que mataran a Xarlot antes de que yo hubiese tomado una decisión,
pero nadie me escuchaba.
Necesitaba relajarme y
salir de aquel alboroto, así que opté por dirigirme a la parte más alta de la
ciudad, el mirador. Era la primera vez que iba allí y al llegar me quedé
impresionada. En el centro había una mesa en la que estaban dibujadas algunas
constelaciones y a su alrededor, los bancos tenían la forma de los signos del
zodiaco*. Más allá, se extendía una gran piedra desde la cual se podían apreciar
las estrellas sin dificultad. Al ser un elfo de la noche, estas me fascinan,
por lo que me dirigí hacía allí. Iba con mi apariencia humana, pues aunque no
parecía haber nadie no sabía con quién me podía encontrar. La verdad es que yo
me parezco bastante a los humanos, mucho más que mis compañeros, pero mis ojos
y mis orejas me delatan, al igual que mi alta estatura, así que mejor prevenir
que curar.
Cuando estaba a escasos
metros de la piedra, me dí cuenta de la presencia de un joven de no más de 18
años que miraba tumbado boca arriba al cielo. Se giró para mirarme y lo reconocí.
Era el dichoso humano de la fiesta.
- ¡Dios! ¿Otra vez tú?
Por tu culpa mi amiga está en peligro.
- Perdona, ¿nos
conocemos?
Caí en la cuenta de que
en ese momento mi apariencia era la de un chica completamente normal, por lo
que intenté calmarme.
- Ah no, lo siento, te
había confundido con otro.
- Túmbate si quieres, hoy
el cielo está precioso.
- Pensaba tumbarme de
todas maneras.
- ¿Te gustan las
estrellas?
- Me enamoran.
- Ya somos dos. Me llamo
Jake, ¿y tú?
- ¿Y a ti que te importa?
- Es para saber como debo
llamarte. Venga, solo es un nombre.
- Nahiara, Nai para los
amigos.
- Esta bien Nai, y ¿qué
haces por aquí? Eres la primera persona que encuentro en este mirador desde
hace 3 años.
- Eso a ti ni te va ni te
viene, y he dicho Nai para los amigos, no recuerdo que tu y yo lo seamos.
- ¿No te han dicho alguna
vez que eres un poco borde?
- Si yo soy borde tú eres
gilipollas.
- Ehh, tranquila, relájate
– me dijo con una sonrisa burlona – Recuerda que yo no te he hecho nada.
- Si tú supieras… -
Suspiré.
- ¿Qué?
- Que yo me meto con quién
quiera, y si me quiero meter contigo pues lo hago. Tú me has llamado borde
primero ¿no? Pues ya está.
Comenzó a reírse a
carcajadas y al acabar me soltó:
- Me caes bien, tienes carácter.
- Pues tú a mi no, ¿Qué pena
eh?
- Una pena enorme. Me
tengo que ir, ya son las 12 y media.
- Lloraré tu ausencia –
Le dije con ironía.
- Eso no lo dudo. He
venido en moto, ¿te llevo a casa?
- Creo que soy mayorcita
como para conocer el camino a MI casa.
- Pero es demasiado tarde
como para que una chica como tu valla sola por ahí.
- Se cuidarme sola.
- Va, pero si te pasa
algo luego no me digas que no te advertí. Hasta la próxima niña borde – Se despidió
con un tono burlón.
- Espero que no halla próxima
– Le grité mientras el se alejaba.

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