(Narra Jake)
Pasé toda la semana
ansiando la llegada del sábado, al igual que mi hermano, al que su novia había
dejado y estaba deseando pillar algo en la fiesta.
Por fin llegó el día tan
esperado por los dos, y juntos nos dirigimos al instituto en busca de nuestras
acompañantes. Estaban preciosas. Jessica llevaba una camiseta sin mangas y una
minifalda demasiado corta. Paula llevaba un vestido ajustado de palabra de
honor y unos zapatos de tacón que la permitían ser de mi estatura. Estaba guapísima.
La chica era bastante mona y tenía buen cuerpo, pero no estaba seguro de que
fuese mi estilo, pues parecía consentida y mimada.
De camino a la fiesta
hablamos de todo un poco: gustos, aficciones… Nos parecíamos bastante, escuchábamos
lo mismo, leíamos lo mismo… Era bastante maja, me empezaba a caer bien.
Al llegar, decidimos
quedarnos en el salón, la parte más animada de la casa. La música estaba a
todo volumen, y la gente, casi toda para mí desconocida, bailaba sin parar por
la gran estancia. Una copa, dos, tres… ¿Era cosa mía o hacía más calor?
Un chico se subió a una
mesa y empezó a bailar y a animar a la gente a que lo siguiera.
- Ya está el gilipollas
de turno – Pensé.
Todos comenzaron a cantar
a gritos la misma canción. Yo la conocía, pero no me sabía ni el título ni la
letra, además me dolía la cabeza, por lo que le dije a Paula si quería ir
conmigo a dar una vuelta por la parte de atrás del edificio.
Al salir, un chaval de no más de 15 años borracho a más no poder, se tropezó y me tiró encima un vaso lleno de vozka.Genial, llegaría a casa apastando a alcohol, la noche empezaba a no gustarme.
En el jardín no había prácticamente nadie, pues todos estaban dentro contando chistes con el chico de las canciones. Todos menos Pula y yo. Nos sentamos juntos, demasiado juntos diría yo, en una piedra escondida detrás de un seto, aislándonos del mundo. Comenzamos a hablar de Jessica y Mike.
En el jardín no había prácticamente nadie, pues todos estaban dentro contando chistes con el chico de las canciones. Todos menos Pula y yo. Nos sentamos juntos, demasiado juntos diría yo, en una piedra escondida detrás de un seto, aislándonos del mundo. Comenzamos a hablar de Jessica y Mike.
- Seguro que acaban
juntos – Me aseguró.
- Conozco a mi hermano.
Acabaran juntos sí, pero en la cama, y al día siguiente si te he visto no me
acuerdo. Lo siento por tu amiga.
- ¿Por Jessi? Tranquilo,
ella es igual. La gusta ir de flor en flor.
Aunque había bebido,
todavía pensaba con la suficiente claridad como para entender que Paula quería
algo más que ser mi amiga, la pregunta es, ¿quería yo?
Se acercó a mí en un
intento de besarme, pero el politono de su móvil la interrupmpió.
- ¿Sí? – Contestó – Oh,
disculpa Jake, ahora vuelvo.
Se alejó para que no
oyera su conversación y yo decidí aclarar mis ideas sobre mi nueva conquista. Mientras
me dedicaba a ello oí un golpe seco y vi a una chica en el suelo a 3 metros de mí. Salí de
detrás del seto y corrí a ayudarla.
- ¿Estás bien?
Levantó la cabeza y la miré. Era preciosa. Pelo
negro, tan negro como sus brillantes ojos, los cuales me observaban
inquietantes. Tenía las orejas alargadas y sus labios eran más oscuros de lo normal,no eran rojos, eran casi del mismo tono que su pelo.Tenía expresión decidida, pero a la vez se notaba su sorpresa
ante aquel encuentro. Su olor era dulce, acaramelado, y su silueta era una
escultura perfecta.

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