(Narra Nahiara)
Habían pasado dos semanas desde la muerte de mis amigos y yo
seguía vagando como un alma en pena por los pasillos de la escuela. El
ambientes siempre estaba tenso, todos estábamos tristes por la pérdida y a la
vez preocupados, pues ya sólo quedábamos diez alumnos y uno de ellos estaba
desaparecido. Nos estábamos extinguiendo muy rápido.
En esas dos semanas no había dejado de echarme la culpa por
lo sucedido ni un solo instante. Sally me daba ánimos con palabras de consuelo:
- No es culpa tuya
- ¡No tenía que haberle soltado! Además, fue por mí por lo
que os desviasteis en el bosque, por eso llegamos tarde – la contestaba entre
gritos y sollozos.
- ¡Si no le hubieses soltado ahora estaríais muertos los
dos! ¿No te das cuenta? Yo lancé el remolino de agua. En todo caso la culpa
sería mía, no tuya. Tú solo intentabas salvarle. Y en cuando a lo sucedido en
el bosque... lo vi en tu mirada Nai, hay una razón de peso por la que fuiste a
matar a ese lobo y aunque no sepa cual es, se que era importe para ti. Tú no
sabías que iba a pasar todo esto.
Pero aún así pensaba que Ángel y Air estaban muertos por mi
culpa. Con mis acciones había conseguido que muriesen y había perdido de nuevo
a Xarlot, quizá esta vez para siempre.
Uno de esos días quedé con Lucas. Hacía mucho que no le veía
a causa de su dificultosa carrera, la cual le exigía un gran esfuerzo y largas
horas de estudio. Hablamos poco, pues nos habíamos distanciado y no
encontrábamos tema de conversación. Además, yo estaba perdida en un mundo lleno
de remordimiento al cual Lucas no podía acceder. Él nunca había experimentado
la muerte de un ser querido y nunca llegaría a comprender lo que significaba
perder a dos elfos para nuestra evolución. No fue una buena tarde para ninguno
pues ambos sabíamos que nuestra amistad se había estancado.
Sin embargo, al que si tenía ganas de ver era a Jake. Aún no
había hablado con él porque, aparte de que seguía estando ausente perdida en
mis pensamientos, tenía miedo a verle y querer contárselo todo, desahogarme con
él y sentir como me daba ánimos. Quería hablar con él, solo con él, porque tenía
la sensación de que me comprendía, de que él también había perdido a un ser
querido alguna vez (aunque yo no lo supiera) y de que su consuelo sería el único
capaz de animarme. Pero no podía. No podía contarle que soy un elfo y que estoy
ausente porque un vampiro ha matado a mi amigo que, para variar, también era
elfo.Aunque me saltara las reglas y se lo contara me tomaría por loca.
De todas maneras merecía una explicación. Había desaparecido sin decirle nada y
estaría preocupado. No podía contarle la verdad y tampoco me gustaba mentirle,
pero tenía que hablar con él porque en esos momentos era al único que consideraba
mi amigo y no podía permitirme perderle. Por eso, decidí maquillar los hechos e
ir en busca del consuelo que tanta falta me hacía.
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