(Narra Nahiara)
Me encuentro en medio de un bosque. Es de noche pero eso no
supone un problema para mí, veo en la oscuridad. Algo se mueve a mi alrededor.
Reparo en una figura muy lejana que me observa. Al estar tan lejos no distingo
con claridad su silueta, pero me observa, lo noto. En ese momento veo a Xarlot
entre la espesura y corro hacia ella. Pero no consigo alcanzarla, pues antes de
llegar de mi alrededor salen seis vampiros que me sujetan y empiezan a
morderme. Todo se vuelve negro. Me despierto.
- Buenos días princesa
- Buenos días Jake – Respondí bostezando mientras me
incorporaba – He tenido un sueño muy raro ¿Llevas mucho despierto?
- Bastante, pero no importa, me gusta verte dormir
- Respecto anoche...
- Mira Nai, me gustas mucho ¿vale? Y si te soy sincero el
beso de ayer fue el mejor de mi vida. Siento decirte todo esto tan deprisa pero
se que si no lo hago así no tendré valor suficiente para decírtelo. Así que,
¿quieres salir conmigo? No es un capricho, de verdad que me gustas mucho.
- Es que... bueno, no me esperaba ese beso ni esta confesión
de amor repentina tampoco. Estos días he tenido muchos problemas y estoy
confusa. No puedo responder ahora mismo a tu pregunta. Lo comprendes, ¿no?
- Te entiendo... Hacemos una cosa: Este miércoles es mi cumpleaños
y pensaba celebrarlo dando una fiesta en casa de un amigo. La casa es muy
grande y como sus padres están de viaje, me deja hacer la fiesta allí como
regalo. Iba a invitarte de todas maneras pero, ya que estamos, podrías darme
allí tu respuesta. ¿Qué te parece?
- Por mi bien, pero no te hagas ilusiones. Aún no se si la
respuesta será sí o no y si es un no, no quiero estropearte el cumpleaños.
- Sé que no lo harás. Aunque no lo sepas, te gusto – Bromeó.
- Serás creído – Dije a carcajadas.
- Pues eso, el miércoles a las 7 en mi casa, yo te llevo
- De acuerdo, pero mi respuesta te la daré al final de la
tarde
- Me parece bien
- Así que... ya 18 ¿eh? Ya podrás llevar legalmente tu moto –
reí.
- Tengo el carné hace un año “legalmente” – sonrió – Esto de
que tu padre sea un importante abogado tienen sus ventajas ¿sabes?
Los dos nos reímos y seguimos hablando sobre el trabajo de
su padre, sobre los grandes criminales, sobre como robaríamos nosotros un banco
y sobre alguna que otra tontería más. Entre nosotros nunca se acababan los
temas de conversación, siempre encontrábamos algo divertido que contar.
- Debería irme a casa
- Sí, creo que yo también me voy. ¿Te llevo?
- Sabes que no – Sonreí.
- Cierto, nunca me dejas acompañarte a casa
- Bueno, hasta el miércoles
- Sí. Y no vuelvas a desaparecer
- Ten por seguro que no lo haré
Y así nos fuimos, cada uno por donde había venido, solo que
esta vez llevábamos un nuevo sabor en los labios, el sabor de un beso de
despedida.
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