(Narra Jake)
Era el tercer sábado que no veía a Nahiara. En esos 21 días
que llevaba sin verla había acudido todas y cada una de las noches al mirador
por si algún día la encontraba allí. Había tenido mucho tiempo para pensarlo y,
a medida que pasan los días, me iba enamorando cada vez más. Quería contárselo,
decirla lo que sentía por ella, saber porque se había esfumado sin ningún
aviso.
Sin perder la esperanza de que volvería, aquella noche volví
al mirador, como siempre, con la pequeña excepción de que esta vez si que hallé
lo que buscaba.
(Narra Nahiara)
Mirando al cielo y escuchando musícame encontraba yo cuando
oí el sonido de una moto acercándose. Como era de esperar, en dos minutos
pareció Jake entre las sombras.
- Sabría que vendrías
- Llevo haciéndolo cada día desde que te marchaste, con la
esperanza de que volvieras
- Siento haber desaparecido
Y lo sentía de verdad. Él no parecía enfadado, más bien
aliviado de volverme a ver. Se sentó a mi lado y yo comencé:
- Un amigo tuvo un accidente y... – Se me quebró la voz
- No tienes por que contármelo si no quieres. Con saber que
no te has ido para siempre me basta – sonrió.
La música seguía sonando desde los altavoces del móvil pero
parecía que ninguno la escuchaba. Se había creado un gran silencio entre los
dos, pero no era incomodo. Era uno de estos silencios en que las palabras
sobran. Yo siempre había sido muy individualista y pocas veces me hacía falta
el cariño de los demás, por eso no podía creer lo que estaba a punto de decir.
- Jake...
- ¿Si?
- ¿Me das ... me das un abrazo?
Jake me abrazó con ternura y cariño. Era lo que necesitaba.
No quería separarme de él por lo que me acurruqué a su lado con la cabeza sobre
su hombro y nos quedamos así, juntos, sin palabras, viendo pasar el tiempo.
Pero mis pensamientos volvieron a parar en Ángel y en todo lo ocurrido en los
últimos días y mis ojos se llenaron de lágrimas.
- Nai... – Dijo mientras me levantaba suavemente la barbilla
para obligarme a mirarle a los ojos – por nada del mundo escondas tu
maravillosa sonrisa.
Sonreí. Nuestras bocas se acercaron muy lentamente y, cuando
cerramos los ojos, nuestros labios chocaron en un lento y apasionado beso.
Lleno de amistad, de ternura, de amor, de cariño, de todas las cosas que nos
queríamos decir y no podíamos, de alegría de estar el uno con el otro, de
dulzura. Y así, mientras sonaba una canción de sum 41* que ambos conocíamos, nos
perdimos en ese maravilloso beso.
(Narra Jake)
Conmigo, así se llamaba la canción que sonaba mientras recibía
el mejor beso de mi vida. Conmigo si, conmigo quería que se quedara Nahiara
toda la vida. Juntos, los dos, sintiendo ese cosquilleo que me recorría el
cuerpo cada vez que pensaba en ella.
Para mi desgracia nuestro maravilloso beso acabó y poco a poco, sin
estropear el momento con palabras, nos quedamos dormidos, abrazados, sintiendo
la reconfortante presencia del otro cerca, con el único sonido de fondo de
nuestra respiración.*.
No hay comentarios:
Publicar un comentario